miércoles, 19 de noviembre de 2008

Prólogo de una historia de princesas poco convencionales (parte 6)

No dijimos nada más. Yo me levanté de la mesa y ella dejó al atónito camarero. Nos fundimos en un abrazo silencioso y fuerte y nos marchamos del local para observarnos mejor a plena luz del día.
Ella también había cambiado bastante. Seguía conservando su fantástica melena y sus ojos verdes de infarto, sin embargo sus facciones eran muy distintas a como yo las recordaba. Tenía una boca pequeña, de labios finos pero sensuales. Sus cejas se arqueaban rubias, como un marco de oro para esa obra de arte natural que era su mirada. Su nariz era, quizá, algo más grande de lo que requeriría la belleza clásica, sin embargo otorgaba mucha personalidad a su rostro. “Sí tuviese una nariz pequeña, la perfección de su cara dañaría la vista-pensé.- Ese pequeño defecto destaca aún más sus numerosas virtudes”. No había crecido demasiado: yo con mi estatura media la miraba desde arriba. Su cuerpo delgado y liso destacaba con mi figura curvilínea. No llevaba puesto ninguna prenda de fiesta a pesar de que ese era un día especial. Sin embargo, los vaqueros y la camiseta que llevaba le daban un aire casual que le sentaba muy bien a su aspecto natural pero fascinante.
Las dos nos observamos durante mucho tiempo. Sin vergüenza y en silencio. Llegado un punto, nos miramos a los ojos y dijimos al unísono:
-Estás preciosa, pero has cambiado muchísimo.
Nos reímos y el silencio volvió. Yo me decidí a hablar.
-No me refiero solo a lo físico, que es obvio después de tanto tiempo. Has cambiado por dentro también.
-Ah sí?- exclamó divertida.-y en qué lo notas, si casi no hemos hablado?
-Ahora ya no vistes como antes por ejemplo.
-Me he dado cuenta de que no necesito modelazos impresionantes para llamar la atención.
-Sí. Se te nota más segura de ti misma. Sabes cómo sacarte partido. He visto como usabas esas dos armas letales-dije mirándola a los ojos.
-Sin embargo yo a ti te veo menos segura.
-Eso no es cierto!-dije sorprendida.
-Sí lo es. Creo que tú has olvidado cuáles son tus puntos fuertes.
-Pues yo creo que tengo más confianza en mí misma.
-Entonces entra ahí y haz que a ese camarero se le caiga la baba.
Estuve a punto de negarme, sin embargo, no tenía nada que perder. Podría ser esa una forma de entablar conversación con mi supuesto ex amigo, que nos miraba desde dentro del bar con cara de curiosidad. Él estaba aburrido, yo necesitaba diversión y Laura necesitaba renovar su ilusión en mí.

“Lánzate Sara, no tienes nada que perder”.
Sin decir ni una palabra volví a entrar en el bar.

5 comentarios:

antonella puntocom dijo...

Bonita manera de demostrar los cambios.
Buuuuf! Sarita,saritaa, si él llega a leer todo eso, yo no puedo volver al insti en cinco años, por lo menos! jaja
Ultimamente la verguenza me puede jaja
un besazo!

malena dijo...

Y a zafarse se ha dicho!!
besitos

almayarma dijo...

Amo Haggard y esa version tmb, gracias por tu opinion.Lo unico que le falta a tu blog es imprimirlo en un papiro antiguo...

Hada del lago dijo...

¿Cual será la acción de Sara? ¿Y la reacción del camarero? Jejejeje!
Has explicado los cambios de una manera increíble!

Un besiño!

P.D: No nos podemos agarrar al tiempo, y los momentos buenos siempre son breves tal vez porqe nosotros queremos que duren más.

Santero Delcolmo dijo...

Grrr
este capítulo fue corto...
Laura está buenísima, je ¿existe?