viernes, 7 de noviembre de 2008

Prólogo de una historia de princesas poco convencionales (parte 2)

Y así comencé a recordar el día en el que, tanto tiempo atrás, la había conocido.
No podría decir una fecha concreta, pero sí decir que fue hace unos tres años en la fiesta de una aldea en la que apenas conocía a nadie a pesar de llevar años yendo cada semana a un lugar no muy lejos de allí.
Recuerdo que, en aquella época, yo era una persona bastante insegura. Mi belleza, que nunca fue despampanante, no se encontraba en su mejor etapa. Solía llevar gafas, aparato y tenía un pelo tan abundante y rizado que parecía tener una cabeza enorme. Sin embargo, ese día me había puesto lentillas por primera vez y llevaba un vestido que me favorecía. Ese día me sentía guapa.
En ese momento yo tenía pareja, un novio genial, cariñoso y romántico, pero cuyas numerosas virtudes se veían, en ese momento, eclipsadas por sus infinitos celos. A veces, su necesidad de controlarme continuamente me hacía sentir como un tigre enjaulado. Ese día, yo era libre, y a pesar de que lo quería y que no pensaba hacer nada de lo que después tuviese que arrepentirme, me sentía bien y muy liberada.
Era muy pronto, pero el invierno oscureció la tarde de modo que parecía noche. Yo vagaba entre la multitud al lado de mi primo, algo más viejo que yo. La gente en esa parte era muy joven, la mayoría menores de 25 años, sin embargo todos eran mucho mayores que yo y eso hacía que mi timidez se acrecentase.
Mi primo encontró a unos amigos suyos. Yo escuchaba la conversación a duras penas por el bullicio de la fiesta.
Un hombre me preguntó si sabía donde quedaba la iglesia y yo le indiqué el camino con dificultades puesto que parecía extranjero y mi nivel de inglés era realmente pésimo. Cuando me volví, mi primo no estaba.
-Oye guapa, parece que tu novio le está comiendo el morro a otra.
El terror y la decepción se me agolparon en la cara y tuve que hacer un esfuerzo para contener las ganas de llorar, girar la cabeza y mirar la escena.
Me di la vuelta asustada y vi a una chica, sola, con un vaso de plástico en la mano. No la conocía.
-El mío?
-No, el mío, no te jode- empezó a reír nerviosamente- Mira qué bien se lo pasa el cabrón de él.
Seguí la dirección de su dedo índice, pintado con un color rosa demasiado fuerte, y descubrí, aliviada, que era mi primo el que estaba besando a una chica.
Empecé a observar a la chica y decidí que no me gustaba. Quizá era una especie de venganza por el susto que me acababa de dar o quizá simplemente que no me agradaba su aspecto.
La primera impresión había sido que ella era una chica de unos 18 años, puesto que iba fuertemente maquillada y se sostenía sobre unos altísimos tacones. La escena la completaba ese vaso sucio y con marcas de pintalabios. Estaba bebiendo algo que olía a alcohol.
Sin embargo, al mirarla detenidamente descubrí que no era mucho mayor que yo. Su cuerpo aún no estaba desarrollado del todo y sus facciones eran aún infantiles. Llevaba un vestido corto de lentejuelas negras que resaltaba su cuerpo delgado y que combinaba perfectamente con su bolso y sus zapatos, que disimulaban su escasa altura, "pues aún sobre esos zancos apenas puede mirarme a los ojos sin levantar la cabeza. Una pija más queriendo hacerse mayor", pensé.
-Es bonito el vestido, a que sí?- dijo con una coqueta inseguridad, atribuyendo la razón mis miradas a su ropa y no a ella misma.-pero yo que tú iría a detener a ese cerdo. Ya tendrás tiempo para opinar de moda después.
-No es mi novio, es mi primo-dije fríamente.
-Ah vaya… os vi tan cojiditos de la mano que pensé que había romance.
Me molestó esa contestación. Así que siempre tendría que aguantar que me espiasen, si no mi novio una desconocida idiota.
-Mi novio me quiere y nunca me haría eso- dije que una infantil ingenuidad.
-Los tíos son todos unos cerdos, deberías engañarlos antes de que ellos te engañen a ti.
-Se nota que no tienes novio…-me estaba irritando mucho esa conversación
-Ahí está el problema, sí lo tengo.
Eso me pillo por sorpresa.
-Y no estás enamorada?
-Ya no-hablaba de la muerte de un amor en el mismo tono en el que me hablaría del tiempo.
-Lo siento-no se me ocurría que decir.
-Yo no - y verdaderamente no lo sentía. No trataba de aparentar dureza, solo transmitía indiferencia.
-Cuanto tiempo lleváis saliendo?
-Vamos a hacer un mes.-puse una cara de visible sorpresa. Me parecía que ningún producto realmente fiable podía caducar tan rápido. Ella leyó mi asombro.-Cuanto tiempo lleváis vosotros?
-Vamos a hacer cinco meses-respondí con una sonrisa.
-Cortaréis el mes que viene-respondió ella sin ánimo de ofender, pero con una sinceridad difícil de soportar.
-Y tú qué coño sabes?! No lo conoces! Es más, NO ME CONOCES! Que tú seas una tía que se lanza al primero que ve no significa que el resto seamos iguales.
-Lo puedo adivinar solo por la cara que pusiste cuando te dije que tu novio se lo montaba con otro. A los cinco meses hay una crisis siempre y tenéis demasiadas inseguridades como para superarla juntos.-respondió sin inmutarse ante mis insultos.
Me dolía su descaro, pero lo que más me dolía era que tenía razón. Ese fue uno de los pocos momento de mi vida en que sentí como mis palabras se me secaban y como un enorme desierto de emoción amenazaba con deforestar mi bosque encantado.

6 comentarios:

[ кeя ] dijo...

no sé qué prisa tienen algunas por "hacerse mayores" o impresionar a los chicos XD cuando no merece la pena.

Escribes con mucha naturalidad y se lee rapido, espero saber cómo continua esta historia

un saludo!

! DANGER

malena dijo...

:) Para ser la primera vez, te cuento que juegas maravillosamente con los suspensos...
me como las uñas por saber más!!!!!
jaja
besos

isia dijo...

Me ha gustado mucho esta segunda parte, me parece que la historia está cobrando un aire muy interesante, sobretodo para personas como yo que tenemos esa edad y nos podemos sentir identificadas.

Un saludo

Hada del lago dijo...

La verdad me siento intrigada, quiero saber como continua la historia entre las dos princesas :)

Un beso!

antonella puntocom dijo...

Verdades que matan... Aunque hay quien prefiere mentiras que hagan sonreir a verdades que hagan sufrir...
Yo necesito encontrarme a una de tus princesas, que me saque tanta pajarería de la cabeza.
Un beso Sara!

Santero Delcolmo dijo...

Ey, está muy bien!

Tengo la teoría que los primeros tres o cuatro meses, los de enamorados, son la base de lo que se puede construir. Después...