
Y el amor llegó.
Llegó doloroso, torpe, alocado,
demasiado difícil de corresponder.
A veces la peor pesadilla es que se haga realidad un sueño.
Un amor de esperpento, de sufrimiento.
Trajo consigo escalofríos de viento y lluvia.
Se llevó vidas segadas y recuerdos de susurros malintencionados.
Otra vez mas me vi en esa extraña sensación de que mis relacciones son mas una intensa orgía de carcajadas nerviosas y cotilleos que un roce entre dos únicas almas.
Extraño teatro en el cual el público es más importante en el hilo argumentativo que la protagonista.
Gritan en mi oído demasiados silencios.
Este castillo de arena se lo lleva un mar de lágrimas.
Acaso son ellos capaces de amar bajo el peso de tantas miradas?
Crean infelicidades para así tratar de elevar su escasa vida.
No caeré mas en vuestro juego.
Podeis retiraros a poblar vuestras lujosas cuevas.
Para mi ya estais muertos.
Os asesino en defensa propio por haber dejado mi corazón al aire libre, desangrándose al sol y a la lluvia.
Ahora vosotros sois los heridos.
De pronto se os han cerrado las puertas de mi reino a todos.
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Mi conciencia me susurra con una fuerza infantil la misma frase:
"nunca llueve eternamente, nunca llueve eternamente, nunca llueve eternamente..."
Es cierto querida:
ya empiezo a notar la sequía.






